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domingo, 23 de octubre de 2011

Vive siempre en el presente



• Estoy vivo -dijo al muchacho mientras comía un plato de dátiles en la noche sin hogueras ni luna-. Mientras estoy comiendo, no hago nada más que comer. Si estuviera caminando, me limitaría a caminar.
Si tengo que luchar, será un día tan bueno para morir como cualquier otro.
»Porque no vivo ni en mi pasado ni en mi futuro. Tengo sólo el presente, y eso es lo único que me interesa. Si puedes permanecer siempre en el presente serás un hombre feliz. Percibirás que en el desierto existe vida, que el cielo tiene estrellas, y que los guerreros luchan porque esto forma parte de la raza humana. La vida será una
fiesta, un gran festival, porque ella sólo es el momento que estamos viviendo.


jueves, 23 de diciembre de 2010

Cerrando circulos



Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto.

Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?
¿Se acabó tu relación?
¿Ya no vives más en esa casa?,
¿Debes irte de viaje?
¿La relación se acabó?

Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado, ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo,hay que desprenderse.

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas,y hay que aprender a perder y a ganar.

Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú.

Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentalmente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción.

¿Noviazgos o amistades que no clausuran?,
¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?)
¿Necesidad de aclaraciones?
¿Palabras que no se dijeron?
¿Silencios que lo invadieron?

Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven, pero no por orgullo ni soberbia, sino porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo.

Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.

Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo,llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal
aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y que humanamente se puede lograr,porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable.

Sólo es costumbre, apego, necesidad, pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena,despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.

¡Esa es la vida!.

Paulo Coelho

domingo, 15 de noviembre de 2009

Once minutos





"Buscamos nuestro infierno, llevamos milenios construyéndolo, y después de mucho esfuerzo, ahora podemos vivir de la peor manera posible."

"¿Cómo entra la luz en una persona? Si la puerta del amor está abierta."

"El amor más fuerte es aquél que puede mostrar su fragilidad."

"El amor no está en el otro, está dentro de nosotros mísmos; nosotros lo despertamos. Pero para que despierte necesitamos del otro.

"El dolor está en nuestra vida cotidiana, en el sufrimiento escondido, en la renuncia que hacemos y culpamos al amor por la derrota de nuestros sueños."

"Solamente pasaba diez minutos con el amor de su vida, y miles de horas pensando en él."

"Todo aquello que vaya contra la naturaleza, contra nuestros deseos más íntimos, todo eso es normal a nuestros ojos, aunque parezca una aberracion a los ojos de Dios."

"El sufrimiento,una vez encarado sin temor, era su pasaporte hacia la libertad."

"En todas las lenguas del mundo hay un mísmo dicho: ojos que no ven, corazón que no siente. Pues yo afirmo que no hay nada más falso que eso; cuánto más lejos, más cerca del corazón están los sentimientos que intentamos sofocar y olvidar."

"La vida es muy rápida; hace que la gente pase del cielo al infierno en cuestión de segundos."

"Los errores son una manera de reaccionar."

"La vida siempre espera situaciones críticas para mostrar su lado brillante."

"Me sentí herida cuando perdí a los hombres de los que me enamoré. Hoy, estoy convencida de que nadie pierde a nadie, porque nadie posee a nadie. Ésa es la verdadera experiencia de la libertad: tener lo más importante del mundo, sin poseerlo."

"Hay un momento para dejarlo todo."

"La búsqueda de la alegría es más importante que la necesidad del dolor."
 


martes, 10 de noviembre de 2009

Porque amamos a los hombres









Una amiga mía, Julia, me envió un texto sobre el tema de este artículo. Cuando quise entrar en contacto con ella para saber si era de su autoría, ella ya había viajado y no sé exactamente cuándo va a regresar.
Busqué en Internet y ¿saben lo que descubrí? ¡Que existen varios grupos de discusión sobre el asunto! Lo que quiere decir que las mujeres de hoy están buscando razones para enamorarse de personas del otro sexo. Desde mi condición de hombre, que está de acuerdo con algunas de estas razones, he realizado una lista basada en lo que leí:





Amamos a los hombres porque no consiguen fingir un orgasmo, aunque quieran.
Porque jamás nos van a entender, y aun así lo siguen intentando.

Porque todavía nos encuentran atractivas cuando nosotras mismas ya no conseguimos creérnoslo.

Porque saben de ecuaciones, de política, de matemáticas, de economía, pero no saben nada del corazón femenino.


Porque son amantes que sólo descansan cuando alcanzamos (o fingimos) placer.





Porque han conseguido elevar el deporte a algo parecido a una religión.
Porque nunca les da miedo la oscuridad.

Porque se empeñan en arreglar cosas con problemas que están más allá de sus habilidades, y se dedican a ello con entusiasmo adolescente, y se desesperan cuando no lo consiguen.

Porque son como las granadas: la mayor parte es imposible de digerir, pero las semillas son deliciosas.





Porque jamás se paran a considerar lo que pensará el vecino.
Porque siempre sabemos lo que están pensando, y cuando abren la boca dicen exactamente lo que imaginábamos.

Porque jamás les pasó por la cabeza martirizarse con tacones altos.

Porque les encanta explorar nuestro cuerpo, y conquistar nuestra alma.





Porque una chiquilla de 14 años puede dejarlos sin argumentos, y una mujer de 25 consigue domarlos sin mucho esfuerzo.
Porque siempre les atraen los extremos: opulentos o ascéticos, guerreros o monjes, artistas o generales.

Porque son capaces de hacer cualquier cosa por esconder su fragilidad.

Porque el mayor miedo de un hombre es no ser un hombre -lo cual nunca le pasaría a una mujer por la mente (no ser una mujer).





Porque siempre se terminan toda la comida del plato, y no se sienten culpables por ello.
Porque les parecen interesantísimos ciertos temas sin gracia ninguna, como lo que les ocurrió en el trabajo, o las características de los coches.

Porque están dotados de hombros en los que conseguimos dormir sin mucho esfuerzo.

Porque están en paz con sus cuerpos, a excepción de pequeñas e insignificantes preocupaciones con la calvicie y la obesidad.





Porque son asombrosamente valientes ante los insectos.
Porque nunca mienten sobre su edad.

Porque a pesar de todo lo que intentan demostrar, no consiguen vivir sin una mujer.

Porque cuando a uno de ellos le decimos "te quiero", siempre pide que le detallemos cuánto.





Kristen, una lectora, afirma que no sabemos absolutamente nada sobre la naturaleza femenina, y elabora la lista que viene a continuación:



1 - Nosotras, las mujeres, ya nacemos detectives. A nuestros ojos, todos los hombres son sospechosos, y sus aventuras acabarán siendo descubiertas; es sólo cuestión de tiempo.
2 - Aunque no estemos enamoradas de ti, escuchar un "te quiero" es siempre un bálsamo para nuestras almas. Y si no nos lo dices, nos vamos a dar cuenta y nos pondremos tristes.





3 - Nos pasa lo mismo con "¡qué guapa estás!". Se tarda menos de dos segundos en pronunciar estas tres palabras mágicas, capaces de transformar nuestras pesadillas en verdaderos cuentos de hadas.
4 - Si te preguntamos qué ropa nos ponemos, no te enfades si al final decidimos vestirnos justo con lo opuesto de lo que elegiste: forma parte de nuestra naturaleza.
5 - En una fiesta, somos capaces de escanear el salón en menos de un minuto, y saber quién nos interesa. Estate atento.





6 - Pensamos en sexo con la misma compulsión que los hombres, si no más. La única diferencia es que no lo demostramos.
7 - Si, nada más conocernos, nos invitas a cenar y no aceptamos inmediatamente, no te preocupes; es que necesitamos unos días para perder los kilos sobrantes que, según creemos, nos arruinan constantemente las vidas.

8 - Las mujeres siempre se acuerdan de todo. Si preguntas cuándo nos conocimos, ninguna de nostras va a decir: "En una fiesta", sino: "fue un martes, justo después de una cena en la que nos sirvieron ensalada y un guiso de pollo, tú llevabas chaqueta negra y tus zapatos eran de la marca tal, etc."





9 - Por mucho amor que seamos capaces de dar, hay siete días en los que preferimos estar lejos de todo y de todos. En esos casos, tienes dos opciones: atarte a un poste y esperar a que pase la tempestad, o correr a la joyería más cercana y comprarnos un regalo. Recomendamos la segunda opción.
10 - Tenemos el mismo poder de raciocinio que los hombres, pero es mejor que no lo notes, o empezarás a sentirte inseguro. Las mujeres que lo dejaron demasiado claro acabaron solas.

11 - Nos encanta cualquier tipo de pelo en el cuerpo masculino, aunque la depilación sea nuestra tortura favorita.





12 - Detestamos hacer el amor cuando no tenemos ganas, pero lo haremos de todas formas, y tú no te darás ni cuenta.
13 - Juega con nuestros animales domésticos y con nuestros niños, y jugaremos contigo. Ignóralos, y nosotras te ignoraremos a ti también.

14 - Las mujeres disponen de una visión de rayos X. Podemos mirar hacia unos ojos negros y duros, y descubrir al niño que hay en el fondo, y podemos también fijarnos en unos angelicales ojos azules, y encontrar al demonio que se esconde tras ellos. Sabemos cuándo un hombre finge que duerme de cansancio, o (lo que es aún más evidente), cuándo finge no estar durmiendo con otra persona.




15 - No todas las mujeres quieren casarse y tener hijos. Muchas sólo desean orgasmos y animales domésticos.
16 - La delicadeza, cuando es genuina, es capaz de derretir nuestros empedernidos corazones.

17 - Si tenemos que discutir algo contigo, no quieras darnos la solución: nosotras ya la tenemos. Se trata apenas de un pretexto para evitar que la relación se convierta en algo aburrido.








Paulo Cohelo

domingo, 11 de octubre de 2009

A orillas del rio de Piedra me sente y llore



 Cuenta una leyenda que todo lo que cae en las aguas de este río —las hojas, los insectos, las plumas de las aves— se transforma en las piedras de su lecho. Ah, si pudiera arrancarme el corazón del pecho y tirarlo a la corriente; así no habría más dolor, ni nostalgia, ni recuerdos.




A orillas del río Piedra me senté y lloré. El frío del invierno me hacía sentir las lágrimas en el rostro, que se mezclaban con las aguas heladas que pasaban por delante de mí. En algún lugar ese río se junta con otro, después con otro, hasta que —lejos de mis ojos y de mi corazón— todas esas aguas se confunden con el mar.



Que mis lágrimas corran así bien lejos, para que mi amor nunca sepa que un día lloré por él. Que mis lágrimas corran bien lejos, así olvidaré el río Piedra, el monasterio, la iglesia en los Pirineos, la bruma, los caminos que recorrimos juntos.



Olvidaré los caminos, las montañas y los campos de mis sueños, sueños que eran míos y que yo no co­nocía.



Me acuerdo de mi instante mágico, de aquel mo­mento en el que .un «sí» o un «no» puede cambiar toda nuestra existencia. Parece que sucedió hace tan­to tiempo y, sin embargo, hace apenas una semana que reencontré a mi amado y lo perdí.



A orillas del río Piedra escribí esta historia. Las manos se me helaban, las piernas se me entumecían a causa del frío y de la postura, y tenía que descansar continuamente.



—Procura vivir. Deja los recuerdos para los viejos —decía él.

Quizá el amor nos hace envejecer antes de tiempo, y nos vuelve jóvenes cuando pasa la juventud. Pero ¿cómo no recordar aquellos momentos? Por eso es­cribía, para transformar la tristeza en nostalgia, la so­ledad en recuerdos. Para que, cuando acabara de contarme a mí misma esta historia, pudiese jugar en el Piedra; eso me había dicho la mujer que me acogió. Así —recordando las palabras de una santa— las aguas apagarían lo que el fuego escribió.
Todas las historias de amor son iguales.

jueves, 6 de agosto de 2009

La niña y la tempestad



La niña solía ir caminando todos los días a la escuela.
Una tarde de tempestad, en que los vientos soplaban cada vez con más fuerza y los rayos y truenos sacudían el vecindario, pasó su hora habitual de regresar a casa sin que apareciera.
La madre, preocupada, telefoneó al colegio, donde le informaron que la niña ya se había ido.
Al ver que no llegaba, se puso el impermeable y salió, imaginando que su hija debía estar paralizada de miedo, escondida quizá en la casa de algún vecino, llorando y esperando que la tempestad pasara.
Para su tranquilidad, en cuanto dobló la esquina vio a la niña que caminaba lentamente en dirección a la casa; pero paraba cada vez que caía un rayo, miraba hacia el cielo y sonreía.
La madre llegó corriendo, colocó a la niña bajo su capa y le preguntó por qué se había demorado tanto.
- ¿Es que no ves los flashes? – dijo ella-. ¡Dios me está sacando fotos!
A veces nos preocupamos, pensamos siempre que suceden cosas malas cuando la realidad es que casi siempre aquel por quien nos preocupamos la está pasando muy bien.
Paulo coelho

martes, 4 de agosto de 2009

Leyenda india.-Las cualidades de la vejez



Cuenta la leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas, sujetas en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesado sobre sus espaldas.
Una de las vasijas era más vieja que la otra, y tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía.
Durante dos años el hombre hizo el mismo trayecto.
La vasija más joven estaba siempre muy orgullosa de su desempeño, y tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aun sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo.
Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre se preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con él:
-Quiero pedirte disculpas ya que, debido a mi largo uso, sólo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.
El hombre sonrió y le dijo:
-Cuando regresemos, por favor observa cuidadosamente el camino.
Así lo hizo.
Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas.
-¿Ves como la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? –comentó el hombre-.
Siempre supe que tú tenías rajaduras, y resolví aprovechar este hecho.
Sembré hortalizas, flores y legumbres, y tú las has regado siempre.
Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas.
Si tú no fueras como eres, ¿cómo podría haberlo hecho?
MORALEJA:
"Todos nosotros, en algún momento, envejecemos y pasamos a tener otras cualidades.
Es siempre posible aprovechar cada una de estas nuevas cualidades para obtener un buen resultado".
(Autor: Paulo Coelho)

martes, 28 de julio de 2009

Reflexiones de vida


De una manera u otra, todos hemos tenido experiencias difíciles en la vida.

Esto forma parte de nuestro viaje por esta tierra, y aunque a menudo pensamos que "las cosas hubieran podido ser diferentes", el hecho es que no podemos cambiar nuestro pasado.

Por otra parte, es una falacia que todo lo que nos sucede tenga su lado bueno; existen cosas que dejan marcas muy difíciles de superar, heridas que sangran mucho.

¿Cómo librarnos, entonces, de nuestras experiencias amargas?

Sólo existe una manera: viviendo el presente.

Entendiendo que, aunque no podamos cambiar el pasado, sí podemos cambiar la próxima hora, lo que sucederá durante la tarde, las decisiones que tomaremos antes de dormir.

Como dice el viejo proverbio hippie:

"Hoy es el primer día del resto de mi vida".

Paulo Coelho

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Todos nosotros hemos pasado muchos días o semanas, sin recibir ningún gesto de cariño del prójimo.

Son momentos difíciles, cuando el calor humano desaparece y la vida se reduce a un arduo esfuerzo por sobrevivir.

En esos momentos en que el fuego ajeno no le da calor a nuestra alma, debemos revisar nuestro propio hogar.

Debemos agregarle más leña y tratar de iluminar la sala oscura en la que nuestra vida se transformó.

Cuando escuchemos que nuestro fuego crepita, que la madera cruje o que las brasas brillan, la esperanza nos será devuelta.

Si somos capaces de amar, también somos capaces de ser amados.

No es más que cuestión de tiempo.

Paulo Coelho

domingo, 12 de julio de 2009

Sobre la importancia de decir no.




“Hitler pudo perder la guerra en el campo de batalla, pero terminó ganando algo”, dice M. Halter. “Porque el hombre del siglo XX creó el campo de concentración y resucitó la tortura, mostrando a sus semejantes que es posible cerrar los ojos a las desgracias de los demás hombres”.
Tal vez tenga razón: hay niños abandonados, civiles masacrados, inocentes en las cárceles, ancianos solitarios, alcohólicos en el fango, locos en el poder.

Pero tal vez no tenga tanta razón: existen los guerreros de la luz, nunca toleran lo inaceptable. Las palabras más importantes en todas las lenguas son palabras pequeñas. “Sí”, por ejemplo. “Amor”, “Dios”. Son palabras que salen con facilidad, y que llenan espacios vacíos de nuestro mundo.
No obstante, hay una palabra, también pequeña, que nos cuesta decir. “No”. Y nos sentimos generosos, comprensivos, educados. Porque el no tiene fama de maldito, de egoísta, de poco espiritual. Cuidado con esto. Hay momentos en los que, al decir “sí” a los otros, uno se está diciendo “no” a sí mismo.
Todos los grandes hombres y mujeres del mundo fueron personas que, en lugar de decir “sí”, dijeron un NO rotundo a todo lo que no era acorde con un determinado ideal de bondad y crecimiento.
Los guerreros de la luz se reconocen por la mirada. Están en el mundo, forman parte del mundo, y al mundo fueron enviados sin alforja y sin sandalias. Muchas veces son cobardes. No siempre actúan correctamente.
Los guerreros de la luz sufren por tonterías, se preocupan por cuestiones mezquinas, se consideran incapaces de crecer.
Los guerreros de la luz de vez en cuando se creen indignos de cualquier bendición o milagro.
Los guerreros de la luz se preguntan con frecuencia qué están haciendo aquí.
Muchas veces encuentran que su vida no tiene ningún sentido. Por eso son guerreros de la luz. Porque se equivocan. Porque preguntan. Porque continúan buscando un sentido. Pero, sobre todo, porque son capaces de decir que no frente a lo que resulta inaceptable.
A menudo nos pueden tildar de intolerantes, pero es importante abrirse y luchar contra todo y contra todas las circunstancias, si estamos frente a una injusticia o una crueldad.
Nadie puede permitir que, a fin de cuentas, Hitler haya establecido un modelo que pueda reproducirse porque la gente sea incapaz de protestar.
Y para reforzar esta lucha, es bueno no olvidar las palabras de John Bunyan, autor del clásico Pilgrim´s Progress:
“Aunque haya pasado por todo lo que he pasado, no me arrepiento de los problemas en los que me metí, porque fueron éstos justamente los que me trajeron adonde quería llegar. Ahora, ya cerca de la muerte, todo lo que tengo es esta espada, y se la cedo a todo aquel que quiera proseguir su peregrinaje”.
“Llevo conmigo las marcas y cicatrices de los combates, que son testigos de lo que viví, y recompensas de lo que conquisté. Son estas queridas marcas y cicatrices las que van a abrirme las puertas del Paraíso”.
“Hubo una época en la que viví escuchando historias de bravura. Hubo una época en la que viví apenas porque tenía que vivir. Pero ahora vivo porque soy un guerrero, y porque quiero estar un día en la compañía de Aquél por quien tanto luché”.
En definitiva, las cicatrices son necesarias cuando luchamos contra el Mal Absoluto, o cuando debemos decir que no a todos aquellos que, a veces con la mejor de las intenciones, intentan estorbar el camino que conduce a nuestros sueños.

Paulo Coelho

jueves, 12 de febrero de 2009

Tirando piedras preciosas


En cierta ocasión, un hombre caminaba por la playa en una noche de luna llena.
Iba pensando de esta forma:
- Si tuviera un carro nuevo, sería feliz.
- Si tuviera una casa grande, sería feliz.
- Si tuviera un excelente trabajo, sería feliz.
- Si tuviera una pareja perfecta, sería feliz…
Cuando tropezó con una bolsita llena de piedras.
Comenzó a arrojar las piedritas una por una al mar cada vez que decía:
Sería feliz si tuviera…
Así lo hizo hasta que solamente quedó una piedrita en la bolsita, que decidió guardar.
Al llegar a su casa percibió que aquella piedrita era en realidad un diamante muy valioso.
¿Te imaginas cuántos diamantes arrojó al mar sin detenerse a pensar?
Así son las personas, arrojan sus preciosos tesoros por estar esperando lo que creen perfecto o soñando y deseando lo que no tienen, sin darle valor a lo que tienen cerca de ellas.
Si mirasen alrededor, deteniéndose a observar, percibirían lo afortunadas que son.
Muy cerca de si está su felicidad.
Cada piedrita debe ser observada puede ser un diamante valioso.
Cada uno de nuestros días puede ser considerado un diamante precioso, valioso e insustituíble.
Depende de cada uno aprovecharlo o lanzarlo al mar del olvido para jamás recuperarlo.
¿Y tú, cómo estás lanzando tus piedritas? que pueden ser novios, amigos, trabajo, e inclusive tus mismos sueños…
“El mundo está en las manos de aquellos que tienen el valor de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños.” Paulo C.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Cerrando circulos




Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.
Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario,
pierdes la alegría y el sentido del resto.
Cerrando círculos, cerrando puertas,
o cerrando capítulos, como quieras llamarlo.
Lo importante es poder cerrarlos,
y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?,
¿Se acabó tu relación?,
¿Ya no vives más en esa casa?,
¿Debes irte de viaje?,
Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués,
en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste va a ser infinito,
porque en la vida,
tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos,
todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos,
ir dando vuelta a la hoja,
a terminar con etapas,
o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado.
Ni siquiera preguntándonos porqué.
Lo que sucedió, sucedió,
y hay que soltarlo, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos,
ni adolescentes tardíos,
ni empleados de empresas inexistentes,
ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso,
a veces es tan importante destruir recuerdos,
regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles,
tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar,
procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas,
y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir,
hay que dar vuelta a la hoja,
hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente...
El pasado ya pasó.
No esperes que te lo devuelvan,
no esperes que te reconozcan,
no esperes que alguna vez,
se den cuenta de quién eres tú...
Suelta el resentimiento.
El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto,
lo único que consigue es dañarte lentalmente,
envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás.
Si andas por la vida dejando "puertas abiertas",
por si acaso,
nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción.
¿Noviazgos o amistades que no clausuran?,
¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?),
¿Necesidad de aclaraciones?,
¿Palabras que no se dijeron?,
¿Silencios que lo invadieron?
Si puedes enfrentarlos ya y ahora,
hazlo,
si no, déjalos ir,
cierra capítulos.
Dite a ti mismo que no, que no vuelven.
Pero no por orgullo ni soberbia,
sino,
porque tú ya no encajas allí en ese lugar,
en ese corazón, en esa habitación,
en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días,
hace tres meses, hace un año.
Por lo tanto, no hay nada a qué volver.
Cierra la puerta, da vuelta a la hoja,
cierra el círculo.
Ni tú serás el mismo,
ni el entorno al que regresas será igual,
porque en la vida nada se queda quieto,
nada es estático.
Es salud mental, amor por ti mismo,
desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable.
Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo.
Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo,
llegaste sin ese adhesivo.
Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él,
y es un trabajo personal aprender a vivir sin él,
sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y,
humanamente se puede lograr,
porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable.
Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Paulo Coelho.

lunes, 3 de noviembre de 2008

¿Que es la felicidad?




Al fin y al cabo, ¿qué es la felicidad?
El amor, responden.
Pero el amor no la lleva, nunca ha llevado, felicidad.
Todo lo contrario, siempre es una agonía, un campo de batalla, muchas noches en blanco, preguntándonos si nos comportamos de la manera adecuada.
El amor de verdad está hecho de éxtasis y agonía
.La paz, entonces.
¿La paz?
Si miramos a la Madre, ella no está nunca en paz.
El invierno lucha con el verano, el sol y la luna no se encuentran nunca, el tigre persigue al hombre, que tiene miedo del perro, que persigue al gato, que persigue a la rata, que asusta al hombre.
El dinero trae la felicidad.
Muy bien: entonces, todas las personas que tienen suficiente dinero para tener un nivel de vida altísimo, podrían dejar de trabajar.
Pero están más nerviosas que antes, como si les diese miedo perderlo todo.
El dinero trae más dinero, esto es verdad.
Y la pobreza puede traer infelicidad, pero lo contrario no es cierto.
La felicidad, la he buscado durante mucho tiempo, a lo largo de mi vida, pero lo que ahora quiero es alegría.
La alegría es como el sexo: empieza y acaba.
Quiero placer.
Quiero estar contenta, pero, ¿felicidad?
Ya no volveré a caer en esta trampa
.- La bruja de Portobello. Paulo Coelho-

miércoles, 29 de octubre de 2008

Almas Gemelas




"... En ciertas reencarnaciones, nos dividimos.
Así como los cristales y las estrellas, así como las células y las plantas, también nuestras almas se dividen. Nuestra alma se transforma en dos, estas nuevas almas se transforman en otras dos, y así en algunas generaciones, estamos esparcidos por buena parte de la tierra.
Hacemos parte de lo que los alquimistas llaman el ANIMA MUNDI, el Alma del Mundo.
En verdad, si el ánima mundi se limitara a dividirse, estaría creciendo pero también quedándose cada vez más débil. Por eso, así como nos dividimos, también nos reencontramos. Y ese reencuentro, se llama Amor.
Porque cuando un alma se divide, siempre se divide en una parte masculina y una femenina. ... En cada vida, tenemos una misteriosa obligación de reencontrar por lo menos, una de esas Otras Partes... ...
-¿Cómo es posible reconocer a la Otra Parte?
- Es posible conocer a la Otra Parte por el brillo en los ojos: esa, es la tradición del sol; así, desde el inicio de los tiempos, las personas reconocían a su verdadero amor.
Según la tradición de la luna, existe otro procedimiento: un tipo de visión que mostraba un punto luminoso situado encima del hombro izquierdo de la Otra Parte.
Corriendo riesgos. Corriendo el riesgo del fracaso, de las decepciones, de las desilusiones, pero nunca dejando de buscar el Amor.
Quién no desista de la búsqueda, vencerá. ... Somos responsables de reunir nuevamente, a la Otra Parte que se cruzará en nuestro camino. Aunque sea por unos instantes siquiera; porque esos instantes traen un amor tan intenso que justifica el resto de nuestros días.
También podemos dejar que nuestra Otra Parte siga adelante, sin aceptarla o siquiera percibirla. Entonces necesitaremos más de una encarnación para encontrarnos con ella. Y, por causa de nuestro egoísmo, seremos condenados al peor suplicio que hemos inventado para nosotros mismos:
¡La soledad!
( Palabras de Paulo Coelho )